miércoles, 20 de febrero de 2013

Dècada Moderada

En 1843 el general moderado Narváez toma el poder iniciándose la Década Moderada (1844-1854). Ese mismo año Isabel II comenzó a reinar, bajo la influencia de Narváez que consiguió la ruptura definitiva del aislamiento internacional (provocado por los apoyos internacionales a los dos bandos de la Guerra Carlista) e imponer una Constitución de cariz liberal moderada en 1845. Las características de esta Constitución de 1845 son: el Rey convoca las Cortes, la soberanía era compartida, el sufragio era censitario, se reconocía la confesionalidad católica del Estado y el sistema legislativo era bicameral. Aunque existía una división de moderados en puritanos (seguidores de la Constitución de 1837), derechistas (del Estatuto Real de 1834) y centristas (de Narváez), Narváez consiguió imponerse a todos ellos.
Hay que destacar como hechos relevantes en ese período la creación de la Guardia Civil y del nuevo Código Penal en 1844, la Reforma fiscal de Alejandro Mon de 1845 (que dividió los impuestos en directos –rentas- e indirectos –tipo IVA actual-, división que perdura en la actualidad) y el Concordato con la Santa Sede en 1851 (pérdida de la Iglesia de sus facultades territoriales y jurisdiccionales pero reconociendo su papel en la enseñanza y el matrimonio)
Además, entre 1846 y 1849 se desarrolló la 2ª Guerra Carlista o Guerra dels Matiners, que se produjo fundamentalmente en territorio catalán. Las causas se pueden encontrar en la oposición del pueblo catalán al liberalismo, en que Vergara no aportó soluciones al problema de los fueros, en la negativa de Isabel II a casarse con Carlos VI (hijo de Carlos Mª Isidro y primo suyo por consiguiente) y a la crisis agraria. El general Cabrera fue el más destacado líder de los carlistas.

Regència Espartero

Regencia de Espartero. El general Espartero en 1840, gracias a su gran prestigio y al apoyo de los liberales progresistas, obligó a renunciar de la Regencia a María Cristina y tomó el poder. Continuó con la política desamortizadora, ahora sobre la propiedad del clero en las ciudades. En seguida se encontró con la oposición de una parte del ejército (Narváez, O´Donnell) que en 1841 intentó un fallido pronunciamiento; con la oposición del pueblo de Barcelona que se rebeló en 1842 ante la política librecambista de  Espartero; y también con la oposición de miembros de su propio partido y de las Cortes.

Regència Maria Cristina

Regencia de María Cristina (1833-1840). A la muerte de Fernando VII, en 1833, Isabel II fue la nueva reina, aunque por la minoría de edad se inició su reinado con una etapa de regencia dirigida por su madre María Cristina. Ese mismo año estalló la 1ª Guerra Carlista, prolongándose hasta 1840, en la que se enfrentaron los tradicionalistas antiliberales o carlistas (la mayoría del pueblo, la aristocracia y el ejército absolutista, junto con el respaldo de la Iglesia, Austria, Prusia y Rusia) que reclamaban el trono para Carlos Mª Isidro -denominado Carlos V-, contra los liberales o isabelinos que aceptaban la legitimidad vigente de Isabel II (burguesía liberal, ejército liberal, Portugal, Francia e Inglaterra –Cuádruple Alianza-) Los carlistas consiguieron imponer su dominio en las Vascongadas, Navarra, Aragón y Cataluña, e iniciaron una campaña para tomar Madrid que fracasó por distensiones internas entre los mandos militares. El general carlista Maroto se rindió y firmó la paz mediante el abrazo de Vergara con el general liberal Espartero, quien prometió la inserción de los militares carlistas en el ejército oficial y la negociación sobre el mantenimiento de los fueros. En esta primera guerra carlista, al igual que las dos siguientes, lo que se discutía en realidad era la transformación o no de España en un estado liberal; la discusión sobre la legitimidad de Carlos V e Isabel II era secundaria.
El primer gobierno de la Regencia fue dirigido por el déspota ilustrado Cea Bermúdez. En 1834 Martínez de la Rosa consiguió que María Cristina promulgase su Estatuto Real, carta otorgada caracterizada por la existencia de un poder legislativo que residía en el rey y en dos cámaras (la superior, cerrada y predominante, formada por nobles y la alta burguesía; y la de los comunes, elegida por sufragio censitario) y en la capacidad de iniciativa legislativa del Rey.
Desde el gobierno se lleva a cabo una política anticlerical (expulsión de los jesuitas y suspensión de los conventos de menos de 12 miembros en 1835), que anima a las masas urbanas liberales a la quema de conventos y matanza de frailes con total impunidad (1834 y 1835) En medio de este caos, los obreros urbanos de Barcelona el 5 de agosto de 1835 aprovecharon la ocasión decretando la 1ª Huelga General de España, con la intención paralela de evitar una dura represión gubernamental.
Enemigo de la Iglesia Católica como cualquier buen liberal, el ministro Juan Álvarez Mendizábal en 1836 llevó a cabo una política desamortizadora para paliar la crisis de la Hacienda española: expropió (robó) bienes de la Iglesia  y los vendió a fin de conseguir ingresos para el Estado. Sin embargo, no consiguió su propósito porque al salir a la venta una gran cantidad de bienes y existir muy pocos compradores (sólo los burgueses liberales adinerados), fueron comprados a muy bajo precio. Además, esta postura molestó enormemente al bando carlista, radicalizándose así la lucha en la 1ª Guerra Carlista. Tampoco logró Mendizábal el propósito de que la riqueza de la tierra quedara más repartida entre los españoles mediante la desamortización, pues los únicos que podían comprar tierras eran los que tenían dinero, es decir, los burgueses capitalistas, no el pueblo.
La Regente se decantó hacia el liberalismo moderado, cosa que no fue bien admitida por los políticos liberales progresistas. En 1836 un grupo de militares progresistas tomaron el Palacio de la Granja y presionaron a la Regente para que aceptase un gobierno progresista. Ésta así lo hizo. Se discutió entonces la promulgación de una nueva Constitución que acabó siendo de carácter moderado en 1837: sistema bicameral, el Rey nombraba y deponía a los ministros, pérdida de iniciativa legislativa del Rey, el sufragio sería directo y censitario para el Congreso e indirecto y censitario también para el Senado, el Estado no se declaraba confesional y se imponía la Ley Municipal (elevar el nivel de renta necesario para votar y ser elegidos para así eliminar a los progresistas que eran la burguesía media)

Ferran VII

Fernando VII recuperó el trono y llevó a cabo una dura represalia contra los liberales; de ahí que entre 1823 y 1833 hablemos de Década ominosa (abominable para los liberales). El rey impuso el absolutismo, para acabar permitiendo un despotismo ilustrado en los últimos años de su reinado. Por eso se granjeó una fuerte oposición por parte de los militares y campesinos absolutistas (rebelión organizada por la Federación de Realistas Puros, conocida como de los agraviados o malcontents catalanes en 1827, que a pesar del éxito inicial en Cervera, Vic, Manresa, Valls, Reus, Puigcerdá, terminó fracasando); y también por parte de liberales progresistas (intento fallido de revolución liberal llevada a cabo por el general José Mª Torrijos, desembarcando en Fuengirola en 1831)
Llegamos al punto de estudiar los sucesos de la Granja. En la Corte existía una continua lucha interna entre políticos absolutistas y liberales moderados por influir en el rey, cerrando filas en torno a Carlos Mª Isidro (hermano del rey)  y la reina María Cristina y su hermana la infanta Carlota, respectivamente. Desde Felipe V estaba vigente en España la ley sálica, es decir, sólo podían heredar la corona mujeres si no existían hijos varones del rey ni -en ausencia éstos- varones en todas las ramas del tronco regio. Fernando VII no tenía hijos varones. Cuando conoció en 1830 que la reina María Cristina estaba embarazada (de la futura Isabel II) derogó la ley sálica e impuso la ley de las Siete Partidas de Alfonso X que establecía como heredero de la corona al hijo varón de más edad, siguiéndole los demás varones y, de faltar éstos, la primera hija (de esta manera quería asegurarse que un hijo –varón o mujer- suyo heredase el trono). Al conocer esto los políticos absolutistas, que querían a Carlos Mª Isidro como sucesor, presionaron hasta conseguir que en 1832 el rey restableciera la ley sálica. Pero la infanta Carlota animada por los liberales consiguió obligar a Fernando VII a abolir nuevamente la ley sálica.


Sexenni Democràtic


Isabel II


Regència Maria Cristina i Espartero